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Ecologos por siempre

la ecología

"La ’contaminación’ está de moda hoy en día..." Esa moda intolerable, era la que denunciaba Guy Debord ya en 1971. En nuestro presente la contaminación traspasó los límites de la moda y se instaló como uno de los pilares fundamentales de la problemática ecológica global. El título del ensayo de Debord era El planeta enfermo. Eso no ha cambiado, el paciente sigue con diagnóstico reservado, pero ya no es posible ser indiferente. Sigue Debord: "La época que posee todos los medios técnicos para alterar totalmente las condiciones de vida sobre la Tierra es también la época que, en virtud del mismo desarrollo técnico y científico separado, dispone de todos los medios de control y previsión matemáticamente indudable para medir por adelantado adónde lleva –y hacia qué fecha– el crecimiento automático de las fuerzas productivas alienadas de la sociedad de clases: es decir, para medir el rápido deterioro de las condiciones mismas de la superviviencia, en el sentido más general y más trivial de la palabra".

Muestras. El Protocolo de Kyoto se ha transformado en un tema de conversación que puede instalarse en cualquier mesa de bar. Pocos sabrán lo que implican esas tres palabras, pero todos alguna vez habrán oído esa expresión que se enlaza directamente con una palabra que tampoco nadie desconoce: ecología. Por supuesto, sabemos que la Tierra se está calentando, y que por consiguiente el cambio climático está transformando nuestras vidas. Y este nuevo estilo de vida se evidencia con la aparición de tsunamis, terremotos, huracanes, inundaciones, pero también sequías, escasez de agua. Allí, el hombre actúa indirectamente, pero en otros casos lo hace con todo el peso de su protagonismo como cuando dinamita montañas en busca de metales o elige semillas modificadas genéticamente que alteran la alimentación de toda la humanidad, por ejemplo.

La ecología, el estudio de la relación entre los seres vivos y su ambiente, del planeta, ya dejó de ser una bandera defendida solamente por pioneros, y también por esnobs, partidos "verdes" y biólogos, especialistas, para convertirse en una parte importante de la educación, un paquete de medidas propuesto por casi todos los partidos políticos, un lugar importante en la organización del Estado, y en algunas empresas, y un espacio definido en las agendas de negociaciones internacionales. Las iglesias se preocupan por el futuro del mundo, las maestras tratan de concientizar a sus alumnos del cuidado del agua, las advertencias circulan en cadenas interminables por Internet para advertir que una gran extinción de especies está en marcha. Olores, humos, esmog, olas desorbitadas, temperaturas insólitas, enfermedades, escasez de agua, inundaciones, sequías... Los males producidos por el calentamiento global están asolando el planeta y son muy pocos los que desarrollan políticas concretas para detener o cambiar esta situación.

"El precio de la civilización fue la traición a la naturaleza" dice el biólogo estadounidense Edward Wilson en su libro La creación y agrega que la revolución neolítica, caracterizada por la aparición de la agricultura y de las primeras aldeas, se nutrió de la prodigalidad de la naturaleza. Esa revolución del neolítico abonó la ilusión de que una pequeña proporción de plantas y animales domesticados podía sustentar indefinidamente la expansión humana. Hasta no hace muchos siglos, el empobrecimiento de la fauna y la flora parecía un precio aceptable, pero borrar la naturaleza es una estrategia muy peligrosa. "Tenemos por delante un largo camino que habrá que recorrer para hacer las paces con el planeta y entre nosotros. Equivocamos el rumbo cuando nos lanzamos a la revolución neolítica. Desde entonces, siempre seguimos una dirección ascendente desde la naturaleza, en lugar de elevarnos hacia ella", advierte el biólogo.
                                    

                                                                 José Fernando Yanayaco Saldarriaga

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